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Intolerancia al gluten

 Si miras a tu alrededor, seguro que conoces a alguien en tu entorno con intolerancia al gluten, o lo que es lo mismo, celiaco. Y, lo que es más llamativo: tal vez conoces a personas que han sido diagnosticadas ya en la edad adulta. Estamos ante una enfermedad que va en aumento principalmente por una razón: cada vez se diagnostican más casos. Antes, muchas personas tenían este problema, pero no llegaban a un diagnóstico, no llegaban a ponerle nombre a su dolencia. Así, la intolerancia al gluten o celiaquía es una enfermedad que afecta aproximadamente al 1% de la población

Incidencia de la enfermedad

Este problema de salud se presenta en cualquier edad de la vida, afecta a personas de ambos sexos a nivel mundial, el doble en mujeres, pero la incidencia varia según estas circunstancias en su aparición.

¿Qué nos alerta de la intolerancia al gluten?

El problema que padecen los pacientes celiacos, es que su intestino delgado sufre una afectación cuando ingieren productos que contienen gluten. Así, en los pacientes que padecen celiaquía cuando el gluten entra en contacto con la mucosa intestinal se producen cambios anatómicos en la misma que ocasionan un impedimento en la correcta absorción de principios inmediatos, sales minerales y vitaminas. ¿Y esto qué provoca? Da lugar a estados carenciales y a determinadas  alteraciones digestivas.

El problema es que no siempre es fácil llegar al diagnóstico, pues los síntomas son coincidentes con los de otros problemas digestivos. Los síntomas de la celiaquía, cuando se presentan, pueden ser similares a los de cualquier otro problema digestivo o estado carencial por lo que, en ocasiones, solo las pruebas diagnósticas, como son las pruebas serológicas, genéticas y biopsias pueden confirmar que estamos ante esta enfermedad.

El momento del diagnóstico

Uno de los principales problemas de esta enfermedad es la dificultad, en ocasiones, del diagnóstico. Hay casos que podríamos llamar ‘de libro’, que se manifiestan desde la infancia, en el momento en el que los niños comienzan a tomar cereal, pues sus reacciones son bastante severas. Pero hay otros casos en los que el diagnóstico es más complejo y se puede llegar a tardar años en dar con la tecla que nos indica que hay un caso de celiaquía. Así, hay diferentes medios para confirmarlo.

En un 90% de los pacientes con celiaquía encontramos la presencia de determinadas coincidencias genéticas.

La celiaquía se puede padecer en distintos grados, según la alteración de la mucosa intestinal, con diferentes maneras de detectarse según el grado. El tipo más frecuente es la celiaquía  monosintomática, que manifiesta algunos síntomas de la enfermedad tanto a nivel intestinal como extra-intestinal, aunque carentes de gravedad. Sería el grado superior a la celiaquía silente, sin síntomas de enfermedad todavía pero que se puede detectar con pruebas diagnósticas.

¿Y tras el diagnóstico?

Una vez que se llega a la confirmación del diagnóstico, el tratamiento de la enfermedad “es en principio muy simple: eliminar de la dieta todo alimento que contenga gluten”. Sin embargo, este cometido puede no resultar fácil dado que “en muchos productos manufacturados existe la proteína gliadina del gluten en su composición sin que aparezca en el etiquetado alguna referencia a la misma”.

Existen una serie de alimentos que contienen siempre o casi siempre gluten, como es el pan hecho con harina de trigo, bollos, pasteles, tartas, galletas, pastas italianas y bebidas malteadas o fermentadas partiendo de cereales. También puede entrar gluten en la composición de embutidos, yogures con sabor a frutas, quesos fundidos o en helados y sucedáneos del chocolate. “Eliminando tales productos se evita la progresión de la enfermedad a estadíos más graves mientras que poco a poco las vellosidades intestinales recobran su estructura normal”.

Fuente: www.hola.com

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