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¿Fin de las vacaciones? ¡Sonríe!

Nadie dijo que fuera fácil cambiar la reposera por la silla de la oficina, pero existen maneras de lograr evitar el síndrome postvacional. ¿Te da miedo volver a la rutina? Con esta ayuda lograrás convertirla en algo apetecible e ilusionante.

Te damos un sencillo ejercicio: hacé una lista de todas las actividades que llevas a cabo a lo largo de un día y analizá cuáles de ellas haces porque te producen bienestar. Lo más probable es que apenas haya en tu lista actividades que realizas por placer. Es hora de cambiar el chip.

Síntomas del síndrome

En general las vacaciones son:

– Una situación donde uno desarrolla sus apetencias tal y como las desea.

– Un momento donde poder elegir libremente dónde ir y qué hacer.

– Un espacio del año en el que pasar más tiempo con las personas queridas.

Por todo ello normalmente magnificamos por un lado lo bien que nos vamos a encontrar cuando estemos de vacaciones y por otro, lo mal que lo pasaremos el resto del año. Para muchas personas la vuelta a la cotidianidad supone un verdadero desajuste emocional que podríamos catalogar como una pequeña depresión y que se denomina “Síndrome Postvacacional”.

Lo habitual es que estos síntomas desaparezcan pasados unos días, no más de dos semanas.

¿Qué podemos hacer para superar con rapidez tantos síntomas?

Lo primero y fundamental es ser práctico y pensar que el trabajo es imprescindible para poder disfrutar de futuras vacaciones. Nos guste o no, para poder viajar, alquilar un apartamento o una habitación de hotel, o comer en un restaurante, o tomar un aperitivo, etc. es necesario que ganemos dinero y para esto es necesario que trabajemos o que nos toque algún premio de juego de azar (pero esto es azar y las vacaciones son anuales).

Además de esta medida evidente, se pueden hacer algunas cosas más. Lo primero, y no por orden de importancia, es regular los horarios y el cuerpo unos días antes de volver al trabajo, eso significa que debemos acortar la siesta, acostarnos y levantarnos antes.

Es bueno planificar alguna actividad que nos guste para los primeros días de trabajo y organizar algo de ocio para cuando salgas del mismo, como puede ser ir al cine o quedar con algún amigo para pasar un rato. También es importante no adoptar una actitud de queja y de malestar continuo, no es una catástrofe, pensemos que también tenemos fines de semanas y que hay algunos festivos a lo largo del año.

Recordemos que todos los años nos pasa lo mismo, que a las pocas horas de estar en el trabajo comienzan a desaparecer los síntomas. Aunque mal de muchos sea consuelo de tontos, hay que reconocer que ayuda a afrontar los problemas. No es una desgracia tener y volver al trabajo, sino más bien una suerte en los tiempos que nos toca vivir”.

¿Es preocupante este síndrome?

La respuesta es clara y categórica: no, aunque nos empeñemos en ello en los últimos años. Ahora bien, si el malestar no desaparece en la primera semana de trabajo, entonces dejemos de hablar de síndrome de vuelta de vacaciones y visitemos al médico de familia porque no dura más de unos pocos días.

Las características de este malestar son:

– Desmotivación y tristeza.

– Cambios de humor continuos con irritabilidad ante situaciones que antes no eran molestas. Se elevan las discusiones y discrepancias con los demás.

– Sentimiento de desagrado ante cualquier acontecimiento. La persona ve todo a través de su negativismo.

– Dolores musculares y fatiga fácil.

– Molestias estomacales con sensación de nudo en el estómago.

Lo habitual es que estos síntomas desaparezcan pasados unos días (no más de dos semanas). Si no fuera así, quizás tengas que consultar con un experto.

Para prevenir la aparición de este síndrome se proponen algunas alternativas:

1. Comprender que las vacaciones sólo son una parte más del año y que se terminan. En general desarrollar una buena tolerancia a la frustración.

2. Buscar alicientes en cada día, tener una actitud positiva valorando las pequeñas metas.

3. Elegir cuáles son tus aficiones e intentar realizarlas. Si te lo propones puedes dedicarle al día un par de horas a disfrutar, esto es fuente de salud emocional y física.

4. No hacer de los fines de semana una monotonía, innovar en las actividades.

5. No te preocupes demasiado por sentirse triste al volver a la rutina. Es normal que al cambiar de una situación agradable a una que no lo es tanto el cuerpo reaccione con malestar.

6. Recordar que tu trabajo “no es tu enemigo” sino un medio para vivir y tener dinero para disfrutar. Seguro que hay un montón de atributos positivos que tiene tu desempeño laboral y que ahora no encontras.

Con estos consejos ya asimilados, sólo te queda tener fuerzas y contar los días para disfrutar de unas mini-vacaciones en el próximo feriado. Cuando menos te lo esperes ya estás preparando otra vez las valijas y esto sólo habrá sido un mal rato ya olvidado.

Fuente: www.elle.es

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