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¿e-salud, es confiable?

El uso de las tecnologías de la información está cambiando la forma en que nos cuidamos y también está transformando la relación que tenemos con nuestros médicos.

¿Te acordás cuando eras chica y jugabas al doctor con tus muñecas? Vos las auscultabas, les tomabas la presión, les ponías la oreja sobre la espalda, mientras éstas, en su inmovilidad, esperaban calladitas y sin queja ni comentario alguno, que pronunciaras tu diagnóstico. Ellas -como buenas muñecas, claro- permanecían en una pasividad absoluta mientras que vos, la doctora, estabas claramente al mando de la situación.

De alguna manera, ese juego simboliza la situación típica que se desarrollaba entre profesionales y pacientes en todos los consultorios médicos hasta hace pocos años. La relación solía ser unidireccional: el paciente se sometía pasivamente a la revisión del médico, para preguntar el consabido: “¿qué tengo, doctor?”, quien le daba como respuesta un diagnóstico determinado, sin mayores explicaciones, junto con una receta o una orden para hacerse una radiografía, un análisis de sangre o cualquier otro estudio que fuera necesario.

La escena cambió bastante en los últimos tiempos y la relación entre un médico y su paciente ya no suele ser tan silenciosa. Ahora, el diálogo, las preguntas y el intercambio de información comienzan a formar una parte sustancial de la consulta médica, y no es casual que así sea. Es parte de un proceso de transformación de las relaciones sociales que viene de la mano de la introducción de las tecnologías de la información en la vida cotidiana.

Todo comenzó a mediados de los ’90, cuando se extendió la posibilidad de acceder a información pública a través de Internet, y se consolidó en los últimos dos años, con la explosión de las redes sociales. También contribuyó a este nuevo escenario, la masificación del uso de dispositivos móviles, como teléfonos celulares de la generación inteligente (iPhone y smartphones) y las minicomputadoras sin teclado, conocidas como tablets (iPads y similares), junto con el desarrollo de una nueva generación de médicos informatizados, usuarios de las tecnologías de la información en medicina.

Así llego el día en que las Barbies y los bebotes, se “dieron cuenta” de que antes o después de visitar al médico podían encender la compu y ponerse a investigar por su propia cuenta de qué se trataba determinado síntoma, fijarse qué significaba un diagnóstico con una palabra que no habían entendido bien cuando el médico se las anunció -y en su momento no se habían animado a preguntar-, enterarse de las distintas posibilidades de tratamientos. También vieron que podían lanzar la pregunta en Facebook o en Twitter y empezar a comunicarse con personas desconocidas que compartían un mismo problema de salud.

El rápido acceso a la información y la posibilidad de aprendizaje permanente implicó un cambio en el modo en que nos relacionamos con los profesionales médicos. Ahora, si bien sabemos que los necesitamos, los consultamos y los respetamos en su rol profesional, también somos más conscientes de que el cuidado de nuestra salud es algo que nos pertenece. Reconocemos que tenemos derecho a contar con toda la información relativa a nuestro estado de salud y empezamos a asumir un asumimos un rol más activo.

¿Es confiable el Dr. Google?

A algunos médicos les preocupa que muchas veces lleguemos a su consulta con un montón de información confusa y que, a veces no tiene nada que ver con nuestra situación. Prefieren descartar de cuajo todas las inquietudes que podamos traer después de haber navegado por la web. Desconfían absolutamente del que despectivamente llaman “Dr. Google” y sienten que es una pérdida de tiempo dedicarse a conversar con sus pacientes para ayudarlos a discernir entre información tomada de fuentes confiables de aquellas que no lo son tanto.

Sin embargo, vos tenés derecho a insistir, a preguntar y a saber. Hay cientos de estudios que muestran que el protagonismo del paciente es uno de los factores clave en su recuperación. Si tu médico es uno de los que está de acuerdo con esta idea, seguramente no va a tener problemas en conversar sobre tus hallazgos, dilucidar tus dudas y en hacerte saber si una información que conseguiste es de buena calidad o es errónea. También va a recibir con agrado tu colaboración, si el caso es al revés: si traés una data nueva de la que él no estaba enterado, si lo ponés al tanto de un artículo interesante o si lo invitás a sumarse a una red social alusiva a su especialidad.

Lo cierto es que la e-salud llegó para quedarse y la cuestión es cómo vamos a hacer para que todos, médicos y pacientes, podamos beneficiarnos con las posibilidades que nos brinda.

Fuente: www.revistaohlala.com

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